domingo, 20 de septiembre de 2009

MIS TITAS OFICIALES

De momento, mis papás me dan todo lo que les pido. Cuando tengo hambre, Mamá me da de comer enseguida. Cuando me aburro, no tengo más que protestar un poco y me cogen en brazos. Si lloro, incluso me bailan y me cantan. Sé que esto acabará pronto. Papá ya me ha advertido de que lo bueno no durará siempre y de que los mimos no son eternos. Bueno, yo no le hago mucho caso porque sé que cuando mis padres me corten el grifo, tendré a mis cuatro titas para malcriarme y darme todo lo que les pido. Je, je. Bueno, quizá la más dura de convencer sea Tita Ana. Porque ella ya tiene doble experiencia y se sabe todos los trucos de los bebés. Pero como soy el primer sobrino creo que puedo engañarla un poquito con algún que otro pucherito y alguna que otra sonrisa.


Tita Luchi fue la primera tita oficial en verme. Todavía no sé si tengo que llamarla Tita Luchi o Tita Lucía pero como de momento actúo por imitación, yo la llamo Tita Luchi. Me vino a ver con los abuelos el primer día de mi vida y luego me ha venido a ver otras cuantas pero no las suficientes para engatusarla con mis ojos azules y mi pestañeo. Tengo todavía que entrenarme para conseguir lo que quiero en escasos segundos. Un guiño aquí, una lagrimita allí y antes de cumplir mi primer año ya habré conseguido de ella todos mis propósitos.


Tita Esther tardó un poco más en conocerme. Vino desde Madrid y me descubrió en Valdelagrana. Con ella todo será más fácil. Ella misma se ha comprometido a mimarme y a dejarme hacer todo lo que no me dejen mis padres. Lo primero que hizo fue montarme en un balancín para que yo me mueva en vaivén mientras escucho canciones del hit parade infantil. De ella conseguiré todo lo que me proponga pero Papá me ha recomendado que cuando sea mayor y me entre antojo urgente de postre, nunca le pida tarta de limón. Por lo visto tarda que es una barbaridad en hacerla pero, eso sí, le sale muy rica. Lo bueno siempre se hace esperar.

La última tita que conocí fue a Silvia. Ella vino de Galicia para verme en persona, aunque ya me había reclamado muchas veces por teléfono y por Internet. Para ella, soy el único sobrino así es que con ella no me hace falta ni gritos protestones, ni lágrimas forzadas ni ensayos de caritas para obtener cientos de regalitos y cumplir mis deseos. ¡Me lo dará todo sin pedírmelo! Lo malo es que está a 1.000 kilómetros. Pero, bueno, ya me encargaré yo de acortar distancias.

Estoy preparado para pedirles a mis titas todo lo que mis padres sé que me negarán. Las titas están para eso. Pero no seré un niño eogísta. Trataré de devolverles todo lo bueno que sé que me van a dar.

1 comentario:

  1. Enhorabuena por el blog, pero sobre todo por el niño. Desde hoy tenéis un fan misterioso de Martín.

    ResponderEliminar